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miércoles, octubre 14, 2009

Y nadie supo que paso


La noche de las bizarres, de un vodka con jugo de naranja hasta la chela, bebida con suma estupidez por las narices, como consecuencia de meter más alcohol de lo que puede tolerar el cuerpo, generó tal alboroto, que la mente hizo corto circuito y cegó los ojos, omitiendo la imagen, de con quién te encontrabas.

La mente llega ese punto, donde no se apaga completamente, pero se queda pegada en una especie de limbo, que sólo te deja pensar en placer y morbo.

De pronto con el sol, llega el olvido, la serenidad y la rutina, y de esa noche de celebración, risa y perversión, sólo queda una anécdota cómplice y prohibida, privilegio de dos.



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